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lunes, 15 de mayo de 2017

Hoy os quiero contar como aprendí a no dejar de ser yo.

Comenzaba el curso, pero a diferencia de años anteriores, no me encontraría con mis antiguos compañeros, sabia que mis amigos no estarían allí para explicarme las anécdotas de sus vacaciones y tampoco yo podría explicarles todas aquellas experiencias vividas en el hospital.
A mi vuelta a la vida sumábamos un cambio de residencia, mis padres por fin habían conseguido materializar uno de sus sueños siete años después de abandonar su pueblo natal, conseguían dar el primer paso para comprar su vivienda, aquel piso fruto del esfuerzo, aquel sueño que hoy sigue siendo su hogar y el punto de encuentro familiar.

Comimos un puchero de garbanzos sobre aquella caja de herramientas de madera, sin sillas ni muebles en aquel piso totalmente vacío que esperaba aún una mano de pintura i algunos retoques antes de poderlo habitar, aún así, nosotros ya estábamos allí, los cuatro especialmente ilusionados, viendo que teníamos nuestra casa y aquel puchero, sin ser conscientes de que faltara nada más, aún estando el piso completamente vacío, valorábamos lo que teníamos.

Aquel primer día de tercer curso de EGB,  con las clases ya comenzadas, era para mí, una temerosa aventura, me adentraba de nuevo en lo desconocido.

Comenzaba mi nueva vida en aquel patio del colegio, minutos antes de las nueve, las puertas de acceso aún cerradas y todos los chicos formados en filas, clasificados por curso y ordenados por altura, con la mano derecha extendida y apoyada sobre el hombro del chico de delante, mientras sonaba la música y se izaba la bandera nacional. Jamás había vivido algo así.

Destacaba en aquel entonces por ser un niño especialmente enclenque, consecuencia de mi enfermedad, falta de apetito y aquella anemia que me acechaba continuamente, especialmente delgado, pecoso, pelirrojo y con el pelo bastante largo para disimular aquellas grandes orejas. Justo me quitaba aquellos pelos de delante de los ojos echando mi flequillo hacia un lado con la mano derecha, aquel gesto que me caracterizaba especialmente en mis partidos de futbol, apenas un segundo para liberar mi frente de aquella melena que acariciaba mis ojos, cuando de repente, toda mi cara retumbaba tras aquella ostia, descomunal y desproporcionada, mientras me pitaba el oído alcanzado por la fuerza de aquella enorme mano y apenas podía distinguir las palabras que aquel profesor me gritaba: " Mientras se iza la bandera ni se parpadea". 

Los sentimientos se cruzaban mientras las lágrimas se desplazaban por aquella cara dolorida, sin atreverme ni tal solo a secármelas mientras seguíamos en formación militar. Sin mis amigos, sin mis padres, había llegado allí temeroso pero ilusionado y en cambio ahora estaba asustado, muy asustado y con aquel sentimiento de culpabilidad por haberme movido, por desconocer las reglas y haber sido recriminado por la autoridad.

Aquella era la primera ostia que yo recibía, pero también fue la última, guardé silencio y jamás conté a mi padre aquella desagradable experiencia. Durante los primeros días aquel niño de siete años miraba aquella caja de herramientas que sirvió de mesa aquel mismo día, consciente que albergaba un enorme martillo y soñaba en que algún día crecería lo suficiente para golpear la cabeza de aquel energúmeno. Sin embargo, a medida que me iba curtiendo, a medida que iba creciendo, lo fui olvidando, le compadecí hasta llegar al punto que cada vez le estaba más agradecido, no porque apreciara aquella acción, pero si por lo que con ella había aprendido,

Especialmente aprendí de aquella ostia, que aquel no era el camino, aprendí que la aplicación de la fuerza sobre el débil causaba dolor. Jamás me volvieron a pegar, y jamás le pegué a nadie, formé parte de pandillas en entornos complicados, donde no era fácil evitar la violencia, las peleas estaban al orden del día, sin embargo aquella lección, aquel odio contenido me sirvió para no responder nunca con algo que no me gustara recibir.
Prefería siempre mediar, dedicarme a comprender, a escuchar, a ceder y a convencer, pero sobre todo me enseñó a ganar y perder. Aprendí que las cosas no se consiguen por la fuerza sino por el esfuerzo, y que el éxito no se consigue pegando a alguien indefenso. Aprendí sobre todo a no hacer nada que no me gustara, aprendí a no dejar nunca de ser yo aunque tuviera motivos para actuar como los demás.

Aprendí a valorar, la forma en que mi padre, criado también en aquel entorno donde la fuerza bruta era el modelo de la implantación de la disciplina, jamás me había puesto una mano encima, sin estudios, con una educación justa, me transmitió durante años los mejores valores, predicando con el ejemplo, sin usar jamás la violencia y enseñándome el camino correcto, aquella ostia desafortunada de aquel desalmado profesor, me sirvió para valorar años después lo que durante años mi padre me había trasmitido, GRACIAS PAPÁ.

domingo, 25 de septiembre de 2016

Hoy os quiero contar reflexiones de cumpleaños

Durante años utilizaba este dia para reflexionar, recordar mis prioridades y marcar mis objetivos para el próximo año, establecía como inicio de mis nuevos proyectos el dia de mi cumpleaños, era mi autoregalo, una rutina que comenzó hace treinta años tal dia como hoy en las fiestas de la Mercè, celebrando como no mi cumpleaños, rodeado de esos grandes amigos, con mis necesidades primarias, secundarias y terciarias cubiertas, comenzaba a darme cuenta que para ser feliz no habia nada como dejarse guiar por la pasión, y cogí la costumbre de dedicar el final de ese dia a pensar, a preguntarme que queria para el próximo año por encima de cualquier otra cosa, viviendo cada dia guiado por ese deseo pasional establecido ese dia veinticuatro. Solia después hacer un ejercicio similar para revisar y corregir ese plan tres meses después, coincidiendo con la navidad y donde sin duda estamos más sensibles y nuestra capacidad de valorar las cosas importantes se incrementa. Abandoné esta rutina hace algunos años, cuando descubrí que un año era demasiado tiempo para realizar un proyecto tan importante y comencé a marcar ese objetivo pasional cada día, al levantarme agradeciendo haberme despertado y dedicando el espacio de tiempo suficiente mientras realizo algún estiramiento o algun ejercicio físico mientras me acabo de despertar, para saber donde estoy y hacia donde voy, cual es mi prioridad pasional y como afrontar la rutina diaria sin salir de mi verdadero camino.

Hoy he querido dedicar este final del dia de mi cumpleaños a retomar este blog, que nació con emociones fuertes y que estaba quedando en el olvido, malherido. He querido hacerlo para contar una de esas historias que durante semanas he ido incorporando para mostrar al mundo mis valores, mis prioridades y mi forma de ver la vida. Lo he retomado por haber sido esta una semana especialmente emotiva, que comenzaba el pasado viernes en un nuevo proyecto, una nueva idea de aportar mi tiempo a una causa olvidada y movido por la ilusión me enredaba en un stage deportivo con un grupo hasta entonces desconocido.
Tras la presentación y primeras tomas de contacto me encontraba con una amiga de la infancia, compañera de colegio con la que empezabamos a ponernos al dia, recordando compañeros y anécdotas remontándonos cuarenta años. Me desplacé a Banyoles ilusionado por comenzar un nuevo proyecto y de repente me encontraba con un jarro de agua fría, al enterarme de la muerte reciente de una compañera de colegio, hija de amigos de la família, con quienes mis padres habian compartido muchos momentos en el inicio de su adaptación como emigrantes a Cataluña en los años sesenta. Y como todo puede empeorar, me enteraba de la muerte no tan reciente de quien sin duda fue en la infancia parte de mí, con quien intercambié sonrisas, juegos y lágrimas, mientras creciamos y descubriamos algo nuevo cada dia, soñando, aprendí a amar el éxito ajeno, disfrutando con la competición con independencia del resultado, forjando un sentimiento profundo de amistad. Recuerdo aquellas competiciones en clase, con apenas 6 años, dividiendo a toda velocidad, leyendo fragmentos o realizando rompecabezas, una y otra vez, deseando su victoria tanto como la mia. El saber de su inesperada muerte me condujo mentalmente al pasado, ya había experimentado su pérdida dos veces al tomar caminos diferentes, consciente de que dificilmente nuestras vidas paralelas se volverian a cruzar por tercera vez.
Emocionalmente descolodado iniciaba una semana laboralmente complicada, en la que mis decisiones afectan en mayor o menor grado a cientos de personas de forma muy directa a sus proyectos, sus pasiones y su realización personal y profesional futura. Comenzaba el lunes encontrándome con muchos de ellos y también con mis emociones, no olvidadas, pero si guardadas para seguir mi camino. En pocos minutos cruzaba saludos con algunas de las personas a las que he tenido el placer de conocer en los últimos tres años, algunas a las que he entrevistado y con las que he compartido información, proyectos, pasiones y emociones, a las que he extendido mi mano y que sin duda me han hecho crecer y mucho como persona.
Descubrir potencial y talento es un lujo al que estoy muy agradecido, sin embargo, cuando estableces lazos de amistad y pierdes el control de su camino y del tuyo, sabes que no tendrás lágrimas suficientes, ni capacidad para cambiar el rumbo, ni el tuyo ni el de nadie, sabes que las vidas se separan y las conexiones se desvanecen.
De camino a casa pensaba en algunos de los compañeros a los que había saludado , y recordaba aquella bata blanca, entrecruzando historias con la mejor amiga de mi infancia, consciente que igual que ella desapareció un día de mi vida, tomando caminos diferentes, ahora mis conexiones emocionales con la mayoría de ellos correría la misma suerte.
Demasiada gente a la que aprecio, demasiada gente a la que valoro, demasiados referentes, demasiada buena gente que han marcado mi camino. Emocionalmente no estoy preparado para desconectar, para no seguir a su lado, sin embargo se que cogerán el camino adecuado y seguirán avanzando aunque yo no esté ahí para poder disfrutarlo. El resto de la semana ha sido igualmente intenso, mezcla de alegría y tristeza al desvelar el destino de grandes amigos, estaré ahí para acompañar y subir la montaña con los que se quedaron atrás, ahí es donde quiero estar y ahí es donde estaré, hoy prefiero llorar que brindar, sabiendo que le daremos la vuelta, juntos con los que quieran estar.

Si piensas en alguien a quien este post le pueda ayudar en su camino, compártelo.

domingo, 21 de agosto de 2016

Hoy os quiero contar jugando a escaquearse

Quiero dedicar este post a aquellas personas que presentan una habilidad innata que les permite afrontar la vida con mucho menos esfuerzo. Esta habilidad o competencia no la vi recogida en ningún diccionario de competencias ni en ningún recopilatorio de habilidades técnicas, y sin embargo la observo día a día, por todos lados.
Me refiero a esa habilidad que tienen algunos para no estar presentes en el sobre esfuerzo, en la excepcionalidad, en el dar más de lo que toca, a esos que de niños siempre desaparecen justo cuando toca retirar los platos de la mesa, que se esfuman a la hora de sacar la basura, que en los entrenamientos siempre dan una vuelta de menos, que no cargan con las porterías, que jamás son voluntarios. a esos adolescentes que nunca cambiaron un pañal a sus abuelos, que son silenciosos, capaces de pasar desapercibidos, un día y otro. Esos trabajadores excelentes, simpáticos y agradables que cuando suena el teléfono miran concentrados su tarea y de reojo al compañero que habitualmente maneja diferentes instrumentos de la orquesta o ese empleado que siempre está atareado cuando se busca alguien para un recado.

Jamás me encontré a nadie que me manifestara que es un especialista en escaquearse, en hacer ver que está con el grupo, pero que en realidad descansa sobre el esfuerzo del resto, que es un auténtico ahorrador de energía, y sin embargo encuentro desafortunadamente este tipo de comportamientos continuamente.

Este tipo de individuos sobrevive perfectamente en nuestro mundo frenético, quizás por falta de análisis, o tal vez porque ésta no deja de ser en realidad una ventaja competitiva, una competencia que aún chocando de frente con muchos de los valores más requeridos, y no siendo reconocida como una virtud, facilita la supervivencia.
En el fondo el escaqueo no es más que una derivación del engaño, otra de las capacidades que se mantienen en auge en la conducta humana y que claro ésta no se admite por propio principio definitorio.
Sin embargo, así como el engaño, la trampa, la mentira para vencer está claramente vinculada al logro y es la compensación de falta de capacidades para llegar al mismo, el escaqueo se descuelga claramente de estos objetivos.
¿Es entonces, vagancia, maldad, falta de interés, desmotivación o por el contrario la estrategia del cocodrilo?
Sea lo que sea, es conducta humana, y por tanto debe valorarse.

Si te gusta este post, no hagas nada, si crees que le puede resultar interesante a alguien, entonces pásalo.

martes, 26 de julio de 2016

Hoy os quiero contar recuerdos y aprendizaje durante un electro

Sin duda las nuevas tecnologías avanzan a una velocidad abismal y afortunadamente la ciencia y en especial el sector sanitario son grandes beneficiados. Afortunadamente además de utilizarse para cazar pokemons, la revolución tecnológica aplicada al móvil se ha utilizado para poner en marcha Apps utilizadas por médicos y profesionales para compartir conocimiento en tiempo real y aplicarlo directamente para salvar vidas o actuar en curas de urgencia con un resultado muy satisfactorio.

Aún conociendo la aplicación de toda esta tecnología, debo admitir que cuando me realizaron un electrocardiograma colocándome un móvil sobre el pecho, quedé realmente sorprendido.
No sin evitar recordar mis más de cuarenta años de electros periódicos, que me posibilitan prácticamente para realizar una tesis doctoral sobre su evolución, comenzando por aquellas pesadas máquinas, aquellas impresoras de rodillo con papel cebra, aquellas gomas que rodeaban mis pequeñas muñecas y tobillos, aquellas clavijas enormes para trasmitir los impulsos o aquellas enormes ventosas que durante años fueron evolucionando, mejorando, haciéndose más prácticas y que seguramente seguirán avanzando para facilitar la realización de esas pruebas hoy tan cotidianas.
El pararme a pensar en esa evolución tecnológica me conduce también a recordar aquellos momentos, aquellos minutos que siempre eran diferentes, siempre eran para mi de gran valor y siempre eran parte de mí, parte de otro mundo, de ese mundo de imaginación, de ese mundo exclusivamente mío.

En mi primer electro, entraba en lo desconocido, pero siendo un niño solo puedes entrar en un lugar de fantasía, quizás mis padres, observandome tomado pkr tanto cable, estaban asustados, nerviosos e intranquilos, dominados por la incertidumbre del resultado.
Yo, en cambio, estaba expectante, receptivo, abstraído por aquellos médicos de bata blanca, para mí, dioses de sabiduría y por tanto, atento, muy atento a sus explicaciones.
Lo único que conocía de aquellas pruebas es que todos esperaban que salieran bien, y por eso, quizás por eso mi máxima obsesión es hacer bien todo lo que me decían para que la prueba saliera perfecta. Esa ignorancia sobre el electrocardiograma me llevo a respirar profundamente cuando se me indicaba, a aguantar el aire, a relajarme, a estar tranquilo porque aquellos doctores así me lo pedían con voz suave y amable, haciéndome sentir el centro del universo, haciéndome responsable y protagonista de que el corazón latiera perfectamente.

Aquella respiración profunda, aquel silencio, aquel mirar mi interior intentando escuchar los latidos de mi corazón, aquella búsqueda de paz, me llevaban sin duda a un mundo dulce, calmado, como si analizara mi cuerpo por dentro.

A medida que me fui haciendo mayor, iba realizando aquellas pruebas de forma periódica, con aparatos cada vez más modernos, y sin embargo yo continuaba aprovechando aquel espacio de tiempo, cada vez más reducido, continuaba respirando y buscando mi interior, encontrando la calma, llegando a abstraerme del mundo exterior, a sentir, a oír mi interior, imaginando las conexiones entre mi cerebro, mi estómago, mi corazón, mi piel y mi alma.

Esa respiración profunda que te calma, que te enseña que todo lo que eres está ahí, sobre esa camilla y conectado a una máquina, esa calma que detiene el reloj y convierte ese minuto en infinito, y te reproduce vivencias, historias y fantasías que necesitaría miles de horas para contar.
Desconozco como ni porque el cerebro reproduce en tan poco tiempo miles de secuencias, ni como te reconduce, anula tus sentidos exteriores, desconozco como la respiración profunda, pausada y la búsqueda de tu interior te llevan a esa sensación tan extraña y a la vez tan agradecida.

Quizás ese aprender a respirar y a pensar hacia dentro me han enseñado como vivir hacia fuera, sabiendo que lo realmente importante está justo en nuestro interior.

Os ánimo a que si algún día os hacéis un electro, no os centréis en los cables, aprovechad esa necesidad de respirar en calma para encontraros.


domingo, 17 de julio de 2016

Hoy os quiero contar patrones de conducta

Si observamos detenidamente la conducta de cualquier animal, observaremos que obedece a patrones más o menos lógicos, normalmente sus actos obedecen a respuestas fácilmente justificables.
En cambio, la conducta humana, desobedece claramente a cualquier patrón y se establece entre lo absurdo y lo absurdo, para en un golpe de inspiración mágica definirnos como seres racionales.
Afortunadamente, a diferencia del resto de especies, algunos individuos salen del patrón promovidos simplemente por esa conducta de irracionalidad, abandonado el absurdo y convirtiéndose en seres extraños.

Podemos observar este tipo de conductas constantemente, en cualquier sitio, simplemente con alzar la vista, a cualquier hora y cualquier día. Comencemos por la mañana, por seguir el ciclo lógico de la naturaleza de comenzar el día con la salida del sol. No nos despierta el sol, ni el hambre, ni tan solo el haber descansado, sino un utensilio de inventor desconocido llamado despertador y que irrumpe en nuestras vidas y al que consideramos normal. De forma automatizada, como si fuera natural, nos duchamos, nos vestimos con la ropa que toca, porque claro no nos ponemos lo que nos apetece, sino lo que toca, lo que queda bien para el grupo al que nos vamos a unir después (trabajo, deporte, amigos, rural,...) Además lo que nos gustaba antes no nos lo podemos poner, porque ya no se lleva, no se lleva, ¿a dónde?, o ¿no es nuestra ropa?.

Si te asomas a cualquier parte, ves gente con mucha prisa y la mayoría con mucho sueño, y casi todos van  donde van porque tienen que ir, si algo tienen claro es que hay que ir, de eso no hay dudas.
Universidades, empresas, estaciones, aeropuertos, todo se llena de gente que va para después volver, de aquí para allá y de allá para aquí.

Os imagináis un científico observando cualquier especie animal en plena naturaleza que se encontrara dispersa por el planeta, corriendo de un lado para otro, cruzándose sin mirarse, con individuos desplazándose en diferentes direcciones tal y como lo hacemos nosotros. Alucinaría, pensaría directamente que se trata de una especie sin sentido de la orientación, sin capacidad para comunicarse, o con poca capacidad racional.

¿Por que actuamos de forma tan irracional?  ¿Es normal que nos tumbemos en la arena para torrarnos al sol en lugar de refugiarnos en la sombra y refrescarnos?

Desconozco como hemos llegado a este desorden como especie, como podemos encontrar comportamientos semejantes en lugares tan distantes y comportamientos tan contrarios o diferentes en individuos tan cercanos.

Como pasamos de actuar por nuestros instintos, por nuestros sentimientos y nuestras pasiones, para pasar a actuar por la tendencia, por la moda, por el grupo, es la clave para resolver el gran enigma de la conducta humana. En que momento dejamos de ser nosotros mismos, dejamos de pensar y actuamos por lo que en música se conoce por simpatía. Ese es el enigma, resolverlo y todo irá mejor.


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lunes, 4 de julio de 2016

Hoy os quiero contar como ser constante sin ser vencido por la monotonia

Iniciar un nuevo proyecto, ilusionarnos al descubrir nuevos horizontes, emprender una nueva aventura, son actividades que comparten un comienzo espectacular, elevado grado de motivación que nos conduce directamente a dar lo mejor de nosotros mismos, a dedicarnos plenamente, a centrarnos movidos por esa pasión que caracteriza los comienzos, esos grandes comienzos en cualquier faceta de nuestra vida.

Recuerdo horas y horas, dia tras dia, dando toques al balón, consciente que la práctica me llevaba automáticamente a superar mi record del dia anterior.
Era muy pequeño cuando incoscientemente descubrí que la constancia me llevaba al éxito, pero tambien que antes de apurar y descubrir mi máximo prefería comenzar una nueva aventura, sencillamente me aburría, la mejora ya no me compensaba y prefería ir a otra cosa. Al principio pensaba que era cosa de mi personalidad, que aún siendo la constancia una de las virtudes que me caracterizaba, aún así me faltaba continuidad para llegar al final.

Desgraciadamente, o quizas no, esa curva característica, exponencialmente creciente al principio y que va perdiendo potencia con el paso del tiempo hasta llegar al declive, esa curva aparece en la conducta humana al observar los comportamientos.

Me vienen a la cabeza innumerables ejemplos de personas excepcionalmente constantes, que tras años de esfuerzo focalizado, abandonan su empresa de forma inesperada.

Cuando hablamos de amor, se suele decir, "se ha apagado la llama".

Este simil, válido para el resto de las pasiones, nos sirve de muestra para ser conscientes, que algo pasa, que algo cambia, bien inesperadamente o de forma continuada hasta apagar ese fuego que nos mueve,  algo sucede para que el cansancio, de repente, nos supere, nos venza hasta hacernos abandonar, aburridos, desmotivados y sobre todo desconocidos.

La constancia, es una de las grandes virtudes, necesaria en muchas actividades para alcanzar el éxito, ejemplo claro es el deporte, donde el entreno nos aporta ese punto de mejora continua y el mejorar es sin duda éxito por si mismo y motor para seguir avanzando.
Podriamos decir que la mejora que nos proporciona la constancia nos retroalimenta para seguir siendo constantes.
La vida nos da vida.

¿Como pasamos de levantarnos ilusionados, de soñar, de encontrar tiempo donde no lo hay, a simplemente aburrirnos?, a ver una carga, un agobio, donde antes solo veiamos oportunidad.

Si la obsesión por la constancia nos conduce a la monotonia, podemos dar por hecho que la corriente nos arrastrará hasta la catarata y la caida destruirá nuestro sueño.

Basta con observar los resultados de cualquier deportista, para darse cuenta que la curva de mejora se va aplanando con el paso del tiempo, si la mejora es el combustible del motor de la costancia y esta disminuye, está claro que nuestro motor se acabará parando, salvo que hagamos algo.

Ese hacer algo, se llama acción, emprender, cambiar nuestros objetivos, nuestras rutinas, nuestro entorno, cambiar, cambiar y cambiar para salir de la monotonia y poder seguir con nuestra costancia, para alcanzar el éxito tenemos que ser cambiantes y constantes, no parece facil, quizas por ello el éxito hay que trabajarlo, y no un dia, sino de forma "constante"

Y ¿como llevamos estas intenciones a la realidad?

Pues aplucándolo a tus rutinas, a todas, porque todo es mejorable y sabemos que cuando empezamos y trabajamos de forma constante mejoramos sobre todo al principio, por lo que para mejorar de forma creciente tenemos que cambiar las rutinas, evitando la monotonía y buscando alicientes continuamente.


Ya, pero, ¿como?
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Hagas lo que hagas por insignificante que sea, piensa, como lo haces, para que lo haces, cuánta felicidad te aporta , piensa en como cambiar el proceso, el método, el entorno, piensa que cambiar para ganar eficiencia, midiendolo exclusivamente en lo que te aporta respecto a lo que quieres que te aporte.

Aplica estas dinàmicas a objetivos rutinarios como leer un libroi, hacer dieta, y a objetivis complejos como tu propósito en la vida, tener familia o ganar una medalla olimpica. Pero aplica estos principios al desagregar y baja a las cosas más insignificantes pero tremendamente importantes, como tomar un café, sentarte o simplemente desplazarte, seguro descubriras y descubrir es mejorar y mejorar es la fórmula mágica para no caer en la rutina.












lunes, 20 de junio de 2016

Hoy os quiero contar algo divertido

Esta tarde me cruzaba la mirada con un pequeñajo, un bebe de esos que aún no hablan y te miran fijamente con cara de sorpresa, un simple movimiento de ojos, una pequeña mueca y provocaba su primera sonrisa, un pequeño ruido, unas muecas más y una pedorreta, suficientes para que su sonrisa se intensifique y comience a reír, con ganas de continuar, provocando con su mirada, haciéndome reír, para posteriormente soltar él una carcajada y seguir buscando complicidad, cualquier movimiento, cualquier cosa es suficiente para que el bebé siguiera riendo sin parar. Menos de un minuto y se descojonaba, sin más.

Hoy me apetece dedicar mi post a esos momentos alegres, a esas conexiones que sin saber como ni porque destapan momentos alegres, sonrisas que pasan a risas, a carcajadas y momentos especialmente alegres, momentos que inexplicablemente no buscamos continuamente, cuando sin duda sería muchos más reconfortante generar carcajadas continuamente. Seguramente hay muchos motivos que nos impiden reír continuamente, sin duda a medida que crecemos nuestro cerebro queda invadido por negatividad, problemas que generan ansiedad en lugar de risa.
No voy en este post a cargarme de hipocresía y pretender que nos partamos ahora de risa, ni que olvidemos esa rutinaria vida que nos impide carcajear de forma continua, simplemente me limitaré a recordar algunos de esos momentos, no para haceros reír, pero sí para haceros pensar, pensar en momentos similares que sin duda habéis compartido, os quiero hacer recordar para que desde el recuerdo busquéis la sonrisa, desde la sonrisa la risa y desde la risa la carcajada, reír, reír y reír hasta llorar, yo desde luego mientras escribo hoy me voy a partir.

Recordar la última carcajada es fácil, me partía esta tarde mirando esa pequeña criatura en su carrito mientras yo tomaba un simple café, sin nada más en que pensar que hacer reír a ese enano, quizás por eso el reía o quizá no, pero que más da, hemos pasado un buen rato, ja, ja, ja.

Recordar la primera vez que me partí, supongo que no seria la primera vez que me partía, pero recuerdo aquel lobo orejón de plástico duro con el que me reía cada noche hasta quedarme dormido.

Recordar épocas especialmente de risas, me viene a la cabeza aquellas tardes de patinaje, con José, cuando la que ahora es su mujer nos suplicaba mientras se petaba, nos pedía una y otra vez que paráramos, con sus manos entre las piernas, sin poder aguantarse y meándose literalmente encima.

Recordar travesuras para reír, Especialmente aquel día bajo la cama, con mi hermano, después de haber removido todo el piso para gastar una broma a nuestros padres, reímos sin parar imaginando la cara que pondrían al entrar, y se nos quitaron las ganar de reír por una temporadita cuando entraron.

Recordar atragantarse de risa, No recuerdo bien quien fue la ingenua que en aquella acampada en Boadella calentó la carne en el hornillo directamente dentro del taper, pero casi nos morimos unos cuántos, no podíamos parar de reír. Comidas interrumpidas, bastantes, para destacar alguna de aquellas en lo que ahora es el centro budista del palau Novella, cuando cambiábamos algún postre de natillas por alioli, o cuando llenábamos los porrones de vino con el vinagre.

Recordar las mejores risas trabajando. Uff, trabajando me he reído mucho, y espero seguir haciéndolo, las de mi época de hostelería dan para un libro, madre mía, pero sin duda recuerdo especialmente aquella tarde viendo una película de artes marciales, el bar vacío, entro al lavabo y cuando salgo el bar lleno de koreanos vestidos en chándal, sentados de cuclillas, parecía que se habían salido de la película.

Recordar risas con la familia No soy capaz de saber con quien me he reído más, si con mi padre o con mi hermano, vaya dos, con mi padre era día si y día también que no la liara, siempre gastando alguna bromilla para que nos partiéramos, claro que liarla, la liaba bien gorda de vez en cuando, como cuando probó la sosa caustica, pero sin duda donde nos ha hecho reír más ha sido de pintor. El día que pintó la nevera con spray, siendo yo un niño, y se le atascó el bote, suerte que llevaba gafas cuando pinchó la válvula para desatascarla, y aún reía él más que nosotros, hasta que se quitó las gafas que ya nos meábamos. Aunque aún se superó el día que pintó la terraza, descolgando con el rodillo una maceta, que caía casualmente dentro de la lata de pintura, pintándose todo el patio de forma instantánea, madre mía, me parto solo de recordarlo.

Recordar eventos. Quizás porque vamos predispuestos, o tal vez porque nos gusta pasarlo bien y posiblemente el alcohol también ayuda, en bodas, bautizos, fiestas y conciertos nos hemos despachado a gusto, puestos a recordar, recuerdo la cara de Rosa cuando le dimos la raspa del pescado y las fotos pescando en su acuario y cocinándolo en su sartén.

Recordar risas estudiando. No hay mejor forma de aprender que divirtiéndose, me vienen muchos momentos a la cabeza, muchas risas y mucho cachondeo en época estudiantil, especialmente con respuestas y salidas ocurrentes, problemas para aguantar silencio en la biblioteca.

No recordar pelis de risa. Películas de risa, hay muchas, cualquiera de ellas es buena si no puedes parar de reír, igual que monólogos y obras de teatro, pero no las recordéis, verlas de nuevo o ver otras de nuevo, es la mejor terapia para estirar y hacer trabajar todos esos músculos que se activan con la risa.

Los momentos de risa no se pueden planificar, no se pueden prever, o quizás si, busca tu risa constantemente, mantén viva tu sonrisa, procura estar alegre cada instante, no pares de reír y de hacer reír, identifica la gente que te hace reír, y sobre todo ríete, ríete hasta que no puedas aguantar más, una y otra vez.